Él la miró pensando que era una fantasma, era demasiado perfecta para ser real. Dejó caer el libro que estaba leyendo y extendió un brazo hacia ella, como intentando desvanecer una ilusión. Pero ella no desapareció, al contrario, se inclinó hacia él como si la gravedad hubiese cambiado y todo el universo atrajera esa bella muchacha hacia él.Y el sentimiento era mutuo. Ella vió como él alargaba el brazo y sintió la necesidad de acercarse a él y demostrarle lo real que era. A aquel hombre cuya voz había hecho resurgir algo en su corazón que llevaba siglos dormido. Pero algo le impedía acercarse más. Notó en su mano el collar de su madre y en un segundo, esa sensación de bienestar que él había empezado, desapareció. Volvió a la realidad, sonrió al hombre en actitud de disculpa y corrió de vuelta a su casa.
Cuando estuvo lo bastante lejos, miró atrás para descubrir que él se había levantado del árbol y que... la miraba.

