25 mar 2012

Capítulo 6: "Vivía solo"

Él vivía solo. Compartió un piso durante su estancia en la Universidad pero el experimento no resultó y en cuanto pudo permitírselo, se fue a vivir solo. Le gustaba la soledad, esa sensación de independencia, pero esa noche notaba un vacío muy grande en su casa, como si le faltara algo. No había palabras para expresarlo.

Un vaso de leche siempre había funcionado, pero esa noche nada era suficiente. Se asomó a la ventana justo en el momento en que una nube dejaba ver la luna creciente. Tenía predilección por ella. Irradiaba magia. Por un momento tuvo la sensación de estar conectando con la chica del bosque a través de la luna, pero se desvaneció en un segundo. Se estaba obsesionando y lo sabía pero no podía evitar pensar en ella, en querer ayudarla, conocerla... Si al menos supiera su nombre podría ponerse en su búsqueda. Pero... ¡un momento! ¡Sí que sabía algo! Ella no había llegado con ningún bolso ni había oído ningún coche cuando ella se alejó, por lo tanto, ¡ella debía vivir cerca del bosque!

Se dirigió corriendo hacia la puerta y la abrió. Entonces se dio cuenta: era de noche, ella no estaría por la calle a estas horas. Además, el bosque era muy amplio, sería muy dificil encontrarla. Cerró la puerta y dejó caer la mano del picaporte. ¿Qué podía hacer? Nada. Todo dependía de ella, ya que era la única que sabía donde encontrarle. Y lo supo: iría todos los días a leer bajo su viejo amigo, pero esta vez para esperarla y esa vez no la dejaría huir.

Volvió a la ventana, a su vaso y a su luna creciente... y sintió que le sonreía.

24 mar 2012

Capítulo 5: "Menuda estupidez"

- ¿En serio? ¿Saliste corriendo? ¡Menuda estupidez!

Serena, su mejor amiga desde el principio de los tiempos y la voz de su conciencia a tiempo parcial, tambien creía que lo que había hecho era una tontería.

- Lo sé. Sólo era un chico, un poco raro con esa corona en su cabeza pero... no sabría explicártelo ¿vale? Sólo sentí algo. Algo muy fuerte y muy grande a la vez. Se me encogió el corazón y me entraron ganas de huir.

- Huir nunca es una solución y lo sabes.

Lo sabía. La mitad de su vida la había pasado huyendo y de no ser por Serena, lo seguiría haciendo. Pero esta le daba un equilibrio a su vida. Siempre había estado para ella cuando la había necesitado. En ese momento era medianoche pero no había dudado en dejarla entrar en su casa ni en prepararle un chocolate caliente, cuando ella tocó su puerta. Estaba demasiado alterada para volver a su casa, allí siempre se sentía alejada del mundo y en ese momento necesitaba compañía.

- ¿El colgante es nuevo? - dijo Serena.

Ella miró a donde señalaba y se dió cuenta de que el colgante todavía estaba en su mano. Se había olvidado de él. Lo miró fijamente y de pronto se le ocurrió algo.

- Serena, necesito un favor - dijo poniendo el colgante en la mano de su amiga.

Esta la miró perpleja, aunque sabía lo que le iba a pedir.

- ¿Es importante?
- Sí. Sondéalo.

Capítulo 4: "Jamás se había sentido así"

La miraba correr, alejarse de él como alma que lleva el diablo. ¿Qué había pasado? Él no había llegado a decir nada así que el error tenía que haber sido físico. ¿Al extender el brazo hacia ella? Era una posibilidad pero la rechazó en seguida. Ella se había acercado pero a medio camino, algo le hizo cambiar de opinión.

Se agachó para recoger el libro que había dejado caer y se le cayó la corona de la cabeza. De pronto todo encajó: se había alejado porque había visto la corona y había pensado que estaba loco.

- Nunca pensé que me darías esta clase de problemas, papá - dijo recogiéndola del suelo.

Se acercó al árbol y tocó su corteza, tan aspera y seca como siempre, pero llena de vida, de paz, de tranquilidad.

- Era guapa ¿verdad? - le dijo. - No, había algo más. ¿Lo viste? No sabría explicarlo pero esos ojos...

Imagen sacada de http://elblogderafan.blogspot.com.es/
Se recostó otra vez contra el árbol e intentó reanudar su lectura, pero sus pensamientos volvían una y otra vez a ella. Finalmente cerró el libro de poemas dando por perdida su causa. Recogió la corona y se incorporó. Le dedicó una última ojeada al lugar por el que ella había aparecido, un saludo de despedida a su viejo árbol y empezó el camino hacia su casa.

- Volveré a verla - dijo en voz alta.

Jamás se había sentido así...