Serena, su mejor amiga desde el principio de los tiempos y la voz de su conciencia a tiempo parcial, tambien creía que lo que había hecho era una tontería.
- Lo sé. Sólo era un chico, un poco raro con esa corona en su cabeza pero... no sabría explicártelo ¿vale? Sólo sentí algo. Algo muy fuerte y muy grande a la vez. Se me encogió el corazón y me entraron ganas de huir.
- Huir nunca es una solución y lo sabes.
Lo sabía. La mitad de su vida la había pasado huyendo y de no ser por Serena, lo seguiría haciendo. Pero esta le daba un equilibrio a su vida. Siempre había estado para ella cuando la había necesitado. En ese momento era medianoche pero no había dudado en dejarla entrar en su casa ni en prepararle un chocolate caliente, cuando ella tocó su puerta. Estaba demasiado alterada para volver a su casa, allí siempre se sentía alejada del mundo y en ese momento necesitaba compañía.- ¿El colgante es nuevo? - dijo Serena.
Ella miró a donde señalaba y se dió cuenta de que el colgante todavía estaba en su mano. Se había olvidado de él. Lo miró fijamente y de pronto se le ocurrió algo.
- Serena, necesito un favor - dijo poniendo el colgante en la mano de su amiga.
Esta la miró perpleja, aunque sabía lo que le iba a pedir.
- ¿Es importante?
- Sí. Sondéalo.
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